Un lugar horroroso

A veces me despertaba de noche

durmiendo a su lado

y me preguntaba

si algún día sería capaz

de confesarle toda la verdad.

Le miraba la espalda

y en ese instante

le hubiera repetido mil veces por segundo

que lo daría todo por él.  

Hasta quedarme vacía

seca

y desinchada

como un globo de feria.

Pero sólo era capaz

de escupirle un silencio.

Entonces me costaba dormirme

porqué de repente el mundo

me parecía un lugar incómodo.

Mi vida.

Me parecía un lugar horroroso.   

Y es que la mentira lo sostenía todo.

La mentira era más suave.

No quererle era más fácil.

Y la verdad

daba demasiado miedo.

Él me preguntaba por nosotros

y yo nunca tenía respuesta

solo un reloj

aplastado en mi pecho

que se quedó parado siglos atrás.   

Me preguntaba también

que cuándo me reconciliaría con mis pasos

que cuándo empezaría a hablar de mis ex en pasado

-y no en presente –

me decía si algún día le dejaría tapiar

el vacío

que habían sembrado en mis pupilas.

Me miraba con desafío,

-que poco a poco se convirtió en cansancio –

y me decía

si algún día seríamos capaces

de construir algo

que no tuviera huecos ni mitades ni restos.

Y entonces era muy difícil

no hacerle estallar la verdad a la cara

porqué mientras me decía eso

me besaba en todas las partes del cuerpo

donde me había dolido la vida.

Sin embargo,

no lo hacía.

No me desprendía del pasado apestoso

Y decirle que le amaba aún era doloroso.

Así que la mentira

lo seguía sosteniendo todo.

Al cabo de un tiempo

empezó a salir con otra persona.

Nuestro amor se rajó por la mitad

y finalmente apostamos por la amistad.

Seguíamos compartiendo tiempo juntos.

Al principio me faltaban muchas cosas.

Más tarde lo entendí. Me adapté.

Dejé que mi verdad feroz se diluyera.

Pero también mandé el pasado lejos,

donde despertarme con alguien

en medio de la noche

no me cagara de miedo.

Y después,

empecé de 0.

Me enamoré.

Yo también conocí a alguien.

Pero ya no era él.

UNAS MEDIAS DE REJILLA

Y es que un día
me desperté tan enamorada
tan idiota
y me creía tan intensa
que le dije: me gustaría dártelo todo de mi.

Y en ese momento
yo no sabía
porque encontraba tan romántico
darle todo a alguien
para quedarte vacío después
siendo una gilipollez tan grande.

Pero eso forma parte
de las idioteces que hacemos
cuando el amor nos absorbe las neuronas
y entonces nos creemos tan invencibles
nos sentimos tan radiantes
que pensamos que cambiaremos el mundo con nuestra pasión desorbitada.

Y en realidad
es el amor el que tiene el poder
de deformamos la realidad
de despojarnos de ideas coherentes
de incendiarnos el estómago.

Nosotros solo seguimos su eco
y en realidad no somos más valientes
ni más revolucionarios.
ni vamos a cambiar el mundo.

Y es que al cabo de un tiempo
me di cuenta que ya no sentía nada
porque el amor también se degrada
como los ioghurts
como la paciencia
y como las noches de fin de año.

Rompimos, y yo le pedí que por favor me devolviera lo que era mío.

Y lo hizo.

Pero me lo devolvió arrugado y aplastado,
como un ticket del súper
que guardas en el bolsillo trasero.

Y me dio tanta pena ver mis entrañas así,
que desde entonces creo
que sólo debemos dar
lo que nos apetece
en la medida que nos apetece
sabiendo que algún día
quizás nos lo devuelven destrozado
como unas medias de rejillas
después de una larga noche de fiesta.

Laura.

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Mi profesora de escritura nos decía que en los libros creamos personajes complejos (y por tanto interesantes) cuando los exponemos al poder de la decisión.

Mi hermana ha estado presente en todos los momentos en los que he decidido y me he equivocado.

En todos mis logros -que son menos-.

Cuando no nos han gustado nuestros respectivos novios.

Cuando nos hemos ocultado una verdad dolorosa.

Cuando nos hemos peleado por absurdidades catastróficas y nos hemos reconciliado diciendo venga, vamos hacernos un tatuaje.

Cuando me han roto mucho.

Cuando la vida me ha matado de aburrimiento y la rutina me ha aplastado la cabeza.

Cuando me han prometido amor eterno, aunque fuera de juguete.

Cuando me he quedado sin ganas de nada.

Cuando la tristeza me ha saturado las arterias.

Cuando he sido guerrera por mis sueños y también cuando me he saboteado por completo.

Y sabe que sigo equivocándome.

Pero ella nunca se va.

Caricias en tu espalda

No sé muy bien como decirte esto.
Y no es que me dé miedo.
Ni es que sea tarde.
Es que nunca fue.
Ni siquiera nosotros fuimos.
Y ahora es como hablarle al silencio.
¿No lo ves? Nos hemos convertido en el eco del tiempo que tuvimos.
Para gastar.
Para besar.
Para bailar.
Para querer.
Para volvernos locos.
Y que acabamos malgastando en cosas absurdas.
Como pensar en como nos dolía el pasado.
Como comprar billetes de vuelta.
Y ahora ¿qué?
El tiempo que se pierde arrasa con un trocito del presente. 

Pero oye. Me hubiera gustado decirte tantas cosas.

Y ahora las palabras se me han quedado atrapadas entre los dedos.
Tengo la garganta seca de no contarte qué tal me va.
Me duelen los ojos porque estoy a punto de olvidar como me mirabas.
Mis oídos se llenan de ruido si no me llamas.
Y no sé qué hacer con esta manera de recordarte.
Qué bonito eras a las 4 de la madrugada, joder.
Qué absurdo el mundo en ese momento.
Como iba a importarme nada entonces, si sólo te escuchaba a ti cantando:
Dame el tiempo que no te haga falta, y prometo invertirlo en caricias en tu espalda…

A pesar de esto.
Te deseo toda la felicidad que te negaron.

Deseo que te despiertes donde te despiertes. Algún día. Lleno de pasión. Al lado de quien sea.
Puedas encontrar. Un trozo del tiempo que perdimos. En cosas absurdas.

Y entonces no lo pierdas.

El salario del miedo

Lo sabes.

Lo nuestro caducó

antes de empezar a vivirlo.

 

Jamás llegamos a querernos.

 

Construimos un mundo

hecho a nuestra medida

con todo lo que nos sobró de otras relaciones.

Llenábamos una habitación entera

con todas las cosas que no nos dábamos.

Hacíamos el amor a oscuras

para evitar descubrirnos mutuamente

llenos de nada.

Hablábamos de terceras personas

para asegurarnos

no pertenecernos nunca del todo.

 

Supongo que en realidad

estábamos muertos de miedo

de vivir.

 

Recuerdo estar a punto de decirte

en más de una ocasión

‘Oye, escucha. Podemos coger este amor que nos acecha y construir algo de verdad. Solo tenemos que perder el miedo a que nos destruya’

pero las ganas de decírtelo

siempre

resbalaban por la rampa que construye el miedo al fracaso.

 

Así que siempre

optaba por no decirte nada

cruzando los dedos para que la vida fuera eso.

 

Ha pasado el tiempo

y ahora quizás te diría

‘Oye, lo deberíamos haber intentado’

 

Deberíamos habernos dado el derecho de herirnos

de amarnos

de destrozarnos

de pedirnos perdón

de endeudarnos en una hipoteca

de no dormir por las facturas

de despertarnos un día sin pasión

de ponernos los cuernos

de envejecer

de dejar de querernos

y entonces vernos obligados a inventar una nueva forma de querernos.

 

Quizás esa hubiera sido la única manera

que hubiéramos encontrado

de querernos de verdad.

Hecha a nuestra medida.

 

Pero antes de que eso pasara

nos cagamos de miedo.

Ojos

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Que es que te miro 

y te veo esos ojos

tan terriblemente bonitos

tan terriblemente verdes

que resultan insultantes

para el resto de la humanidad

que miramos con ojos corrientes.

 

Y al mirarlos me doy cuenta

que están llenos de tanta belleza

que me da vértigo

y entonces mirarte se parece a saltar por un precipicio

porque no soy capaz de abarcar esa mirada

tan deliciosa

tan verde

o tan azul

ya ni sé

sólo sé

que eso es como un mar

chocando contra mi vida.

El amor después del amor

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Hay una anciana que viene cada día a la farmacia.

Es un anciana entrañable, y entre su repertorio de frases diario tiene: ¿cómo estás bonita? ¿Esto es para el colesterol mi amor? Y: muchas gracias mi cielo.

Yo a veces pienso en como de dura debió de ser su vida para tener que edulcorarla tanto con palabras.

A veces creo que no nos entiende, porqué muchas veces repite las mismas preguntas. Entre las farmacéuticas siempre hacemos broma porque sus palabras son exageradamente azucaradas.

Lleva siempre una receta en una carpeta, con una etiqueta que dice: “mi maridito”, y nos dice que le preparemos la medicación.

Pienso en que de joven construyó un amor con armaduras, feroz e indestruible. Por la forma en que cuida a su marido, y la ternura con que lo trata, deduzco que tuvieron que fabricarse mucho amor para que ahora con 80 y pico años, aún les quede. Ella puede llegar a ser muy pesada, y a veces es realmente neurótica. Pero es una mujer muy especial que esconde una tonelada de tristeza en la mirada. Sin embargo, sólo por la forma en que él la mira, creo que su vida ha valido toda la pena del mundo.

 

Háblame de

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Me apatece verte sin vergüenza
con ganas de contarme
todo tu pasado raquítico
extraordinario y vulgar
a partes iguales

Me apetece que me hables
de las mentiras que contaste
de los recuerdos que hoy
te coronan el flequillo
efervescentes de intensidad y descaro

Háblame de verdades feroces
de las decisiones que no tomaste
y que después se te atascaron
a medio camino entre tu garganta y tu voz

Pero es que sé que también fuiste extremadamante feliz
y has dejado de recordarlo
así que quiero que con esa parte
pongas la mayor generosidad al relato

Háblame de la ridiculez que has sentido
¿por qué no?
cuando te han olvidado de la noche a la mañana
mientras tú aún tenías los hombros calientes
del contacto de sus manos

Háblame de lo injusto de eso
y del descubrimiento
que el amor no tiene que ser justo
sino auténtico

Háblame de lo vergonzoso de después
mirando el móvil a todas horas
por si aún llamaba
cuando la certeza te perforaba el pecho
de saber que ya dormía en otros brazos

Háblame de tu dignidad deconstruida
y tu orgullo echando humo
sin dignidad pero por tu indignación
con la cabeza bien alta
de ser libre a toda costa
de opinar
de decir
de exigir
de cabrear
de dudar
de fastidiar
de existir
o resurgir
cuando te diera la real gana.

Salvarte en lunes

Salvarte los lunes

Hoy cuando te has ido

te he visto desfilando

desde la cama hasta la puerta

y antes de que se difuminara

por completo

tu silueta

he podido pensar

en que un día te hablaré

de todo lo que te debo

 

Y es que me gustaría poderte ofrecer

mi mejor versión

sin que tuvieras que pasar

por todo lo demás

cuando soy

horriblemente mediocre

 

Me gustaría poderte ofrecerte

esta versión de la que escribo

en la que luzco los pies en alto

y se me olvida tocar el suelo

como si en ese instante

pudiera sobrevivir siempre así

y todo fuera posible

 

Me gustaría negarte

que me duelen los párpados

de mirarme por dentro

intentando encontrar

dónde está el trabajo que soñaba

los libros que no he escrito

 

Me gustaría negarte

que a veces naufrago en mi propia vida

y entonces me quedo sin remos

vestida con ropa que no me define

 

Me gustaría negarte

que soy torpe y despistada

que olvido favores

que soy tremendamente impulsiva

que a veces estoy ausente

o huyendo de mi misma

que mi vida puede herir

que destiño en primavera

que tengo principios que no cumplo

y amigos a los que no llamo

 

Y es que yo no te puedo asegurar

quererte siempre

estar siempre

ni quedarme para siempre

 

Pero

si permaneces el tiempo exacto

en el lugar preciso

de mis miedos y fracasos

te prometo

graparte las coordenadas de mis huellas

para que nunca me pierdas del todo

 

Que sepas

que probablemente me iré

cuando más me necesites

porque tendré miedo

de verte débil

y rendido

 

O quizás tendré fobia

qué se yo

a depender de ti

 

O quizás tendré pánico

de no ser capaz

de curar tus heridas

cuando estén supurando

y yo intente lamértelas

y que la tristeza que flota en mi saliva

las infecte aún más

 

Pero ten la certeza

de que cuando sea capaz de volver

lo haré

con vergüenza entre las uñas

y la mirada rota

por haberte defraudado

los dos minutos que me habré marchado

 

Que sepas

que lo que sí que tengo

es el poder

de salvarte en lunes

que es cuando más arde el mundo

y lo haré

vestida con mi mejor tela

la que proporcione la suavidad suficiente

para ablandar tu lunes infernal

 

Lo único que tengo para ti

es esto.

 

Esto

y

mi mejor versión.

 

Que a veces existe

detrás de un cristal esmerilado

en el que aparezco

dedicándome a la investigación

escribiendo un libro de poesía

con alguien comprándolo

y yo

amando sin miedos

ni pánico

ni ostias.