Laura.

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Mi profesora de escritura nos decía que en los libros creamos personajes complejos (y por tanto interesantes) cuando los exponemos al poder de la decisión.

Mi hermana ha estado presente en todos los momentos en los que he decidido y me he equivocado.

En todos mis logros -que son menos-.

Cuando no nos han gustado nuestros respectivos novios.

Cuando nos hemos ocultado una verdad dolorosa.

Cuando nos hemos peleado por absurdidades catastróficas y nos hemos reconciliado diciendo venga, vamos hacernos un tatuaje.

Cuando me han roto mucho.

Cuando la vida me ha matado de aburrimiento y la rutina me ha aplastado la cabeza.

Cuando me han prometido amor eterno, aunque fuera de juguete.

Cuando me he quedado sin ganas de nada.

Cuando la tristeza me ha saturado las arterias.

Cuando he sido guerrera por mis sueños y también cuando me he saboteado por completo.

Y sabe que sigo equivocándome.

Pero ella nunca se va.

Caricias en tu espalda

No sé muy bien como decirte esto.
Y no es que me dé miedo.
Ni es que sea tarde.
Es que nunca fue.
Ni siquiera nosotros fuimos.
Y ahora es como hablarle al silencio.
¿No lo ves? Nos hemos convertido en el eco del tiempo que tuvimos.
Para gastar.
Para besar.
Para bailar.
Para querer.
Para volvernos locos.
Y que acabamos malgastando en cosas absurdas.
Como pensar en como nos dolía el pasado.
Como comprar billetes de vuelta.
Y ahora ¿qué?
El tiempo que se pierde arrasa con un trocito del presente. 

Pero oye. Me hubiera gustado decirte tantas cosas.

Y ahora las palabras se me han quedado atrapadas entre los dedos.
Tengo la garganta seca de no contarte qué tal me va.
Me duelen los ojos porque estoy a punto de olvidar como me mirabas.
Mis oídos se llenan de ruido si no me llamas.
Y no sé qué hacer con esta manera de recordarte.
Qué bonito eras a las 4 de la madrugada, joder.
Qué absurdo el mundo en ese momento.
Como iba a importarme nada entonces, si sólo te escuchaba a ti cantando:
Dame el tiempo que no te haga falta, y prometo invertirlo en caricias en tu espalda…

A pesar de esto.
Te deseo toda la felicidad que te negaron.

Deseo que te despiertes donde te despiertes. Algún día. Lleno de pasión. Al lado de quien sea.
Puedas encontrar. Un trozo del tiempo que perdimos. En cosas absurdas.

Y entonces no lo pierdas.

El salario del miedo

Lo sabes.

Lo nuestro caducó

antes de empezar a vivirlo.

 

Jamás llegamos a querernos.

 

Construimos un mundo

hecho a nuestra medida

con todo lo que nos sobró de otras relaciones.

Llenábamos una habitación entera

con todas las cosas que no nos dábamos.

Hacíamos el amor a oscuras

para evitar descubrirnos mutuamente

llenos de nada.

Hablábamos de terceras personas

para asegurarnos

no pertenecernos nunca del todo.

 

Supongo que en realidad

estábamos muertos de miedo

de vivir.

 

Recuerdo estar a punto de decirte

en más de una ocasión

‘Oye, escucha. Podemos coger este amor que nos acecha y construir algo de verdad. Solo tenemos que perder el miedo a que nos destruya’

pero las ganas de decírtelo

siempre

resbalaban por la rampa que construye el miedo al fracaso.

 

Así que siempre

optaba por no decirte nada

cruzando los dedos para que la vida fuera eso.

 

Ha pasado el tiempo

y ahora quizás te diría

‘Oye, lo deberíamos haber intentado’

 

Deberíamos habernos dado el derecho de herirnos

de amarnos

de destrozarnos

de pedirnos perdón

de endeudarnos en una hipoteca

de no dormir por las facturas

de despertarnos un día sin pasión

de ponernos los cuernos

de envejecer

de dejar de querernos

y entonces vernos obligados a inventar una nueva forma de querernos.

 

Quizás esa hubiera sido la única manera

que hubiéramos encontrado

de querernos de verdad.

Hecha a nuestra medida.

 

Pero antes de que eso pasara

nos cagamos de miedo.

Ojos

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Que es que te miro 

y te veo esos ojos

tan terriblemente bonitos

tan terriblemente verdes

que resultan insultantes

para el resto de la humanidad

que miramos con ojos corrientes.

 

Y al mirarlos me doy cuenta

que están llenos de tanta belleza

que me da vértigo

y entonces mirarte se parece a saltar por un precipicio

porque no soy capaz de abarcar esa mirada

tan deliciosa

tan verde

o tan azul

ya ni sé

sólo sé

que eso es como un mar

chocando contra mi vida.

El amor después del amor

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Hay una anciana que viene cada día a la farmacia.

Es un anciana entrañable, y entre su repertorio de frases diario tiene: ¿cómo estás bonita? ¿Esto es para el colesterol mi amor? Y: muchas gracias mi cielo.

Yo a veces pienso en como de dura debió de ser su vida para tener que edulcorarla tanto con palabras.

A veces creo que no nos entiende, porqué muchas veces repite las mismas preguntas. Entre las farmacéuticas siempre hacemos broma porque sus palabras son exageradamente azucaradas.

Lleva siempre una receta en una carpeta, con una etiqueta que dice: “mi maridito”, y nos dice que le preparemos la medicación.

Pienso en que de joven construyó un amor con armaduras, feroz e indestruible. Por la forma en que cuida a su marido, y la ternura con que lo trata, deduzco que tuvieron que fabricarse mucho amor para que ahora con 80 y pico años, aún les quede. Ella puede llegar a ser muy pesada, y a veces es realmente neurótica. Pero es una mujer muy especial que esconde una tonelada de tristeza en la mirada. Sin embargo, sólo por la forma en que él la mira, creo que su vida ha valido toda la pena del mundo.

 

Háblame de

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Me apatece verte sin vergüenza
con ganas de contarme
todo tu pasado raquítico
extraordinario y vulgar
a partes iguales

Me apetece que me hables
de las mentiras que contaste
de los recuerdos que hoy
te coronan el flequillo
efervescentes de intensidad y descaro

Háblame de verdades feroces
de las decisiones que no tomaste
y que después se te atascaron
a medio camino entre tu garganta y tu voz

Pero es que sé que también fuiste extremadamante feliz
y has dejado de recordarlo
así que quiero que con esa parte
pongas la mayor generosidad al relato

Háblame de la ridiculez que has sentido
¿por qué no?
cuando te han olvidado de la noche a la mañana
mientras tú aún tenías los hombros calientes
del contacto de sus manos

Háblame de lo injusto de eso
y del descubrimiento
que el amor no tiene que ser justo
sino auténtico

Háblame de lo vergonzoso de después
mirando el móvil a todas horas
por si aún llamaba
cuando la certeza te perforaba el pecho
de saber que ya dormía en otros brazos

Háblame de tu dignidad deconstruida
y tu orgullo echando humo
sin dignidad pero por tu indignación
con la cabeza bien alta
de ser libre a toda costa
de opinar
de decir
de exigir
de cabrear
de dudar
de fastidiar
de existir
o resurgir
cuando te diera la real gana.

Ruido

mar

Hoy he venido a decirte

que no te preocupes

que no hace falta que finjas más

que yo también lo he notado:

esto se ha acabado.

 

Lo he notado

en tus abrazos perezosos

que ya no me sujetan igual

y es que ahora

me quedan todos grandes

 

Lo he notado

en tus manos resacosas

cuando me acarician

después de tocar a otras

la noche anterior

 

Lo he notado en la distancia

que has construido

entre tu casa y mi vuelta

 

En realidad

lo he notado en todas partes

está infestando las paredes

convertiendo nuestros gemidos

de sexo insólito

en un diálogo barato

de película de domingo por la tarde

 

Está en tu manera de mirarme

aburrida y conformista

desde un lugar

en el que ya no me admiras

y sólo aciertas ver mis desperfectos

 

Y es que ya no te impresionan mis ideales

ni mis ojeras por no dormir

persiguiendo sueños

como publicar un poemario

o conseguir la vacuna

contra la miseria universal

 

Ahora en mí sólo ves ruido

 

Y cuando me acerco a ti

intentando salvar lo insalvable

malhiriendo mi orgullo

tus ojos

me están diciendo

que no lo intente

que ya no queda ni un protón de lo que fuimos

en ningún rincón de la estratosfera

 

Ahora en mí sólo ves ruido

y ya no eres capaz de ver

este silencio

que tengo clavado en mi garganta

cuando te marchas

y que en realidad

te está gritando

que aunque ya lo haya notado,

perderte,

 

duele igual.

Al despertar

trenetes

Cuando duermes a mi lado,

a veces pasa que

no tengo ganas de besarte

ni de quererte

ni de decirte cosas bonitas

que te puedan formatear la piel

 

Y es que

cuando duermes a mi lado

y tu respiración silenciosa lo inunda todo

a veces

sencillamente

muero por decirte

que cada vez

que reposas la cabeza en mi pecho

yo

estoy teniendo miedo de perderte

 

Que cuando te contemplo en secreto

lo único

que querría decirte

es que no recojas todas tus cosas

al marcharte hoy

 

Y es que cuando duermes a mi lado

y la prisa no nos consume

y parece que dormir juntos

sea nuestro hábitat

yo

muero por decirte

que he olido tu propio miedo

al sentirte mediocre

y sin nada que ofrecerme

 

Que sé

que cuando me ves caminar 

te sientes frágil

debajo de la ropa

 

Que sé

que desearías menospreciarme

para no llegar a echarme de menos nunca

 

Que he sentido tus escalofríos

debajo de la almohada

por miedo a enamorarte

y por miedo a perderme

a partes iguales.

 

Sí,

quería decirte que ya lo sé. 

 

 

Sé que siempre escogerás quererme a medias

por si acaso.

 

Pero aun así,

hoy al despertar

sólo quería que supieras

que casi he muerto

por decirte

que cada vez

que duermes a mí lado

yo siempre

me quedo

esperándote

cuando sales por la puerta.

 

 

Salvarte en lunes

Salvarte los lunes

Hoy cuando te has ido

te he visto desfilando

desde la cama hasta la puerta

y antes de que se difuminara

por completo

tu silueta

he podido pensar

en que un día te hablaré

de todo lo que te debo

 

Y es que me gustaría poderte ofrecer

mi mejor versión

sin que tuvieras que pasar

por todo lo demás

cuando soy

horriblemente mediocre

 

Me gustaría poderte ofrecerte

esta versión de la que escribo

en la que luzco los pies en alto

y se me olvida tocar el suelo

como si en ese instante

pudiera sobrevivir siempre así

y todo fuera posible

 

Me gustaría negarte

que me duelen los párpados

de mirarme por dentro

intentando encontrar

dónde está el trabajo que soñaba

los libros que no he escrito

 

Me gustaría negarte

que a veces naufrago en mi propia vida

y entonces me quedo sin remos

vestida con ropa que no me define

 

Me gustaría negarte

que soy torpe y despistada

que olvido favores

que soy tremendamente impulsiva

que a veces estoy ausente

o huyendo de mi misma

que mi vida puede herir

que destiño en primavera

que tengo principios que no cumplo

y amigos a los que no llamo

 

Y es que yo no te puedo asegurar

quererte siempre

estar siempre

ni quedarme para siempre

 

Pero

si permaneces el tiempo exacto

en el lugar preciso

de mis miedos y fracasos

te prometo

graparte las coordenadas de mis huellas

para que nunca me pierdas del todo

 

Que sepas

que probablemente me iré

cuando más me necesites

porque tendré miedo

de verte débil

y rendido

 

O quizás tendré fobia

qué se yo

a depender de ti

 

O quizás tendré pánico

de no ser capaz

de curar tus heridas

cuando estén supurando

y yo intente lamértelas

y que la tristeza que flota en mi saliva

las infecte aún más

 

Pero ten la certeza

de que cuando sea capaz de volver

lo haré

con vergüenza entre las uñas

y la mirada rota

por haberte defraudado

los dos minutos que me habré marchado

 

Que sepas

que lo que sí que tengo

es el poder

de salvarte en lunes

que es cuando más arde el mundo

y lo haré

vestida con mi mejor tela

la que proporcione la suavidad suficiente

para ablandar tu lunes infernal

 

Lo único que tengo para ti

es esto.

 

Esto

y

mi mejor versión.

 

Que a veces existe

detrás de un cristal esmerilado

en el que aparezco

dedicándome a la investigación

escribiendo un libro de poesía

con alguien comprándolo

y yo

amando sin miedos

ni pánico

ni ostias.

Enero en la playa

platja

Lo cierto es que no sé si prefiero tu silencio o mi ruido, 

pero antes deseaba con fuerza que volvieras para irte del todo. 

Hoy sé que nunca podrías irte,

porqué nunca

te quedaste del todo. 

Y hoy

eso

ha dejado de importarme. 

Estoy invirtiendo todo lo que no me diste

en mí.

Y eso,

en realidad,

es lo que me convierte

en 

libre.

Libre e indomable.