El arte de desaprender

Cuando era pequeña, aprendía al revés.

Estaba aprendiendo a desaprender, para aprender.

De pequeña me enseñaron a utilizar el compás. Más tarde comprendí que las formas perfectas no están en un papel, ni las crea un objeto. Sino que existen debajo de la ropa.

De pequeña me hablaron de las estaciones. No me dijeron que hay gente que es verano, y que hay otra que termina con todos los inviernos, con un simple roce.

También me hablaron del paso del tiempo. Me mintieron. Me dijeron que era imposible pararlo.

De pequeña me explicaron que tenemos 5 sentidos. Me hablaron del tacto. Pero no me contaron qué era tocar a alguien y dejar por tierra cualquier textura.

Me enseñaron las leyes de Newton, las leyes de la física. Me mintieron. Luego descubrí que necesitas más fuerza para dejar ir que para retener a alguien.

Más adelante, cuando intuían esa edad digna de mayor madurez, me hablaron de filosofía. Me hablaron de libertad y felicidad. Pero no me dijeron que se pueden encontrar en una misma cama. Lo primero de madrugada con un desconocido, y lo segundo al despertar con alguien a quién admiras.

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Y si, de pequeña me dijeron que Thomas Alba Edison inventó la bombilla. Pero que no os engañen. La luz la inventó esa persona, que uno no se puede sacar de la cabeza.