Carnaval

Creo que nunca te has parado a pensar cuánto dura mi olor en tu ropa. Cuántos ecos hace mi risa ni los libros que leo. Me hablas de viajes y de conocer mundo. Sin embargo no conoces mi país favorito, ni las tierras que he pisado.

No sabes a quién echo de menos. No sabes a quién no puedo olvidar, ni porqué no lo hago. No sabes en cuántos trozos me han partido el alma, ni el tiempo que tardé en reordenarla entera. No sabes en cuantas camas he querido dormir. Ni en cuántas no he querido despertarme. Ni si a veces són las mismas.

mujer-con-pajaros-en-el-cabello

No sabes de mis amigos, no sabes por qué los escogí. No sabes quién no apaga nunca el móvil de noche por si alguna vez le necesito. Nunca te has colado en mis rendijas y has averiguado qué recuerdos me atormentan. No sabes con qué sueño, ni cuańto pesan mis miedos. Ni si le ganan en densidad a la alegría. No te importa mi balanza. Desconoces mis manías, mis costumbres. No sabes nada de mis errores ni cuáles los cometería mil veces más, porqué el precio que pagué acabó siendo un descuento.

Huyes de la verdad que hay en mis manos cuando te toco y prefieres hipotecar toda tu piel. Para creer que esa no es tu piel, ni esos tus sentidos. Disfrazas las palabras para no sentir que són reales. Vives en un carnaval permanente, mientras yo intento descifrar si hay algo de verdad en tus disfraces.

Tú eres el rey de la trampa pero yo diosa de la incoherencia por encontrar cien cosas que no haces bien y aún así, quebrarlas todas cuando me miras. Y qué pequeña que me hago cuando eso pasa, y cómo se queja el orgullo ahí dentro. Pero ahí estoy yo, que he acabado entrando en este carnaval, y he cojido el peor disfraz.

Me he hecho experta en mentirme a mi misma y en dar bálsamos al amor propio. En hacerme la sorda cuando lo escucho. En hacerme la ciega, con pájaros al vuelo. En perder todas las batallas, y aún así esperar que me leas. Que me pintes, que me fotografies, que me escribas y desvirtues todas las poesías habidas y por haber.

Sabes? En realidad lo único que sabes, es que te di todo el tiempo necesario para descifrar todo lo que mi piel cubre, como una manta. Y sin embargo, lo esquivaste.

Ni siquiera jamás te has preguntado, porqué a pesar de que cada noche, después de besar sólo mis suspiros, dormirte de espaldas, vestirte rápido y que no te importe hacer ruido al cerrar la puerta, porqué yo sigo sin poder aniquilar todas mis excusas, que te la vuelven a abrir siempre, otra vez.

Las trampas del tiempo

Se conocieron de noche en un bar de conversaciones rápidas y luces tenues. Se presentaron con nombres reales y se cautivaron con vidas adornadas. Decidieron no decidir nada aquella noche y guiarse sólo por impulsos. Se desvistieron rápido y se vistieron más rápido aún. Se olvidaron prontoPronto un día uno de los dos decidió llamar al otro, y el otro rápido decidió cogerlo. Quedaron un día y pronto empezaron a verse muy frecuentemente. Un día decidieron abolir juntos los convencionalismos del amor, saltarse todas sus reglas. Jamás se exigían explicaciones, ni las necesitaban. Saboreaban una nueva moral, sin más dictadores que ellos mismos. Inventaron una nueva manera de vivir el amor. Recortaron todas las etiquetas. Ambos poseían un pasado lleno de grietas y mentiras. Pronto decidieron no juzgarse nunca. Juntos perdían el peso de sus culpas e invertían algún tiempo en acariciarse las penas. En la intimidad se encontraban sin ningún mapa. Tampoco lo buscaban.

bar-463476_960_720

Jamás encontraron la forma de amarse. Pero patentaron una forma propia de quererse. Se lamían las heridas y se hacían el amor sin amor por la noche. Le ponían trampas al miedo y se comunicaban con el lenguaje de la piel. Se regalaban susurros y se comprendían el alma. Se consideraba afortunados; pues no esperaban nada nunca del otro, y se disfrutaban así, libres. Él tenía un patrimonio de caricias y ella lo heredó. Ella tenía un patrimonio de palabras y él se lo robó. Pronto él se enamoró de ella. Y por miedo a perderla, jamás se lo contó. Ella se cansó rápido de amarle en secreto, y pronto acabó huyendo.Y así de pronto, así de rápido, terminaron perdiéndose de verdad.

Pronto regresaron al mismo bar. Pero jamás volvieron a mirarse como si no fueran dos extraños.