Espectadores

bcn de nit

El destino juega conmigo

cuando decide hacernos coincidir

en cualquier trozo de ciudad.

 

Cruzando nuestras retinas,

cruzando nuestras rutinas,

haciéndonos creer que todavía compartimos algo

aunque sólo sea una ecuación espacio/tiempo efímera.

 

De esta forma se intenta cargar

todos los días en los que acepté que te perdí,

aunque lo cierto sea que yo no los olvido,

para no dejar de perderte nunca,

y creer que así nunca te vas del todo.

 

En ese instante de vernos,

yo me aproximo, o eres tú, ¿qué más dará ya?

y procuramos no acercarnos demasiado,

no entrar en ese espacio vital tan del otro,

que fue tan nuestro

y que ya no nos reconoce.

 

Y escogemos hablar del tema menos importante,

aquel que nos cubra más los ojos,

cubriéndonos de palabras triviales,

para no dejar espacio a aquellas que nos puedan herir.

 

Me imagino entonces aquella gente que nos mira hablar.

Deben pensar que somos dos conocidos,

que fuimos compañeros de colegio,

que eres un pariente al que nunca veo,

o que nuestros padres fueron íntimos.

 

Esos espectadores cotidianos,

dudo que hayan visto jamás tanto gris en dos miradas,

esas mismas de las que una vez salieron luciérnagas

y que ría entonces Edison de nuestra forma de hacer luz.

 

Dudo que sepan que no olvido como te reías,

ni cómo era tu piel por la mañana,

ni nuestro lenguaje de signos en medio de tanto ruido.

 

Y en el fondo las personas que nos miran tienen razón;

somos dos conocidos que ya no se conocen,

y que tú fuiste el primero en olvidarte,

del invierno en tu nórdico, y del verano en mi espalda.

 

Que olvidaste hasta el rastro que dejamos,

para no poder regresar jamás a nosotros.

 

Y así,

darnos cuenta,

que en realidad,

jamás nos tuvimos del todo.