El salario del miedo

Lo sabes.

Lo nuestro caducó

antes de empezar a vivirlo.

 

Jamás llegamos a querernos.

 

Construimos un mundo

hecho a nuestra medida

con todo lo que nos sobró de otras relaciones.

Llenábamos una habitación entera

con todas las cosas que no nos dábamos.

Hacíamos el amor a oscuras

para evitar descubrirnos mutuamente

llenos de nada.

Hablábamos de terceras personas

para asegurarnos

no pertenecernos nunca del todo.

 

Supongo que en realidad

estábamos muertos de miedo

de vivir.

 

Recuerdo estar a punto de decirte

en más de una ocasión

‘Oye, escucha. Podemos coger este amor que nos acecha y construir algo de verdad. Solo tenemos que perder el miedo a que nos destruya’

pero las ganas de decírtelo

siempre

resbalaban por la rampa que construye el miedo al fracaso.

 

Así que siempre

optaba por no decirte nada

cruzando los dedos para que la vida fuera eso.

 

Ha pasado el tiempo

y ahora quizás te diría

‘Oye, lo deberíamos haber intentado’

 

Deberíamos habernos dado el derecho de herirnos

de amarnos

de destrozarnos

de pedirnos perdón

de endeudarnos en una hipoteca

de no dormir por las facturas

de despertarnos un día sin pasión

de ponernos los cuernos

de envejecer

de dejar de querernos

y entonces vernos obligados a inventar una nueva forma de querernos.

 

Quizás esa hubiera sido la única manera

que hubiéramos encontrado

de querernos de verdad.

Hecha a nuestra medida.

 

Pero antes de que eso pasara

nos cagamos de miedo.