Caricias en tu espalda

No sé muy bien como decirte esto.
Y no es que me dé miedo.
Ni es que sea tarde.
Es que nunca fue.
Ni siquiera nosotros fuimos.
Y ahora es como hablarle al silencio.
¿No lo ves? Nos hemos convertido en el eco del tiempo que tuvimos.
Para gastar.
Para besar.
Para bailar.
Para querer.
Para volvernos locos.
Y que acabamos malgastando en cosas absurdas.
Como pensar en como nos dolía el pasado.
Como comprar billetes de vuelta.
Y ahora ¿qué?
El tiempo que se pierde arrasa con un trocito del presente. 

Pero oye. Me hubiera gustado decirte tantas cosas.

Y ahora las palabras se me han quedado atrapadas entre los dedos.
Tengo la garganta seca de no contarte qué tal me va.
Me duelen los ojos porque estoy a punto de olvidar como me mirabas.
Mis oídos se llenan de ruido si no me llamas.
Y no sé qué hacer con esta manera de recordarte.
Qué bonito eras a las 4 de la madrugada, joder.
Qué absurdo el mundo en ese momento.
Como iba a importarme nada entonces, si sólo te escuchaba a ti cantando:
Dame el tiempo que no te haga falta, y prometo invertirlo en caricias en tu espalda…

A pesar de esto.
Te deseo toda la felicidad que te negaron.

Deseo que te despiertes donde te despiertes. Algún día. Lleno de pasión. Al lado de quien sea.
Puedas encontrar. Un trozo del tiempo que perdimos. En cosas absurdas.

Y entonces no lo pierdas.