UNAS MEDIAS DE REJILLA

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Y es que un día
me desperté tan enamorada
tan idiota
y me creía tan intensa
que le dije: me gustaría dártelo todo de mi.

Y en ese momento
no sabía
porque encontraba tan romántico
darle todo a alguien
para quedarte vacío después
siendo una gilipollez tan grande.

Pero eso forma parte
de las idioteces que hacemos
cuando el amor nos absorbe las neuronas
y entonces nos creemos tan invencibles
nos sentimos tan radiantes
que pensamos que cambiaremos el mundo con nuestra pasión.

Y en realidad
es el amor el que tiene el poder
de deformamos la realidad
de despojarnos de ideas coherentes
de incendiarnos el estómago.

Nosotros solo seguimos su eco
y en realidad no somos más valientes
ni más revolucionarios.
ni vamos a cambiar el mundo.

Y es que al cabo de un tiempo
me di cuenta que ya no sentía nada
porque el amor también se degrada
como los ioghurts
como la paciencia
y como las noches de fin de año.

Rompimos, y yo le pedí que por favor me devolviera lo que era mío.

Y lo hizo.

Pero me lo devolvió arrugado y aplastado,
como un ticket del súper
que guardas en el bolsillo trasero.

Y me dio tanta pena ver mis entrañas así,
que desde entonces creo
que sólo debemos dar
lo que nos apetece
en la medida que nos apetece
sabiendo que algún día
quizás nos lo devuelven destrozado
como unas medias de rejillas
después de volver de fiesta.

Laura.

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Mi profesora de escritura nos decía que en los libros creamos personajes complejos (y por tanto interesantes) cuando los exponemos al poder de la decisión.

Mi hermana ha estado presente en todos los momentos en los que he decidido y me he equivocado.

En todos mis logros -que son menos-.

Cuando no nos han gustado nuestros respectivos novios.

Cuando nos hemos ocultado una verdad dolorosa.

Cuando nos hemos peleado por absurdidades catastróficas y nos hemos reconciliado diciendo venga, vamos hacernos un tatuaje.

Cuando me han roto mucho.

Cuando la vida me ha matado de aburrimiento y la rutina me ha aplastado la cabeza.

Cuando me han prometido amor eterno, aunque fuera de juguete.

Cuando me he quedado sin ganas de nada.

Cuando la tristeza me ha saturado las arterias.

Cuando he sido guerrera por mis sueños y también cuando me he saboteado por completo.

Y sabe que sigo equivocándome.

Pero ella nunca se va.