Ansia desmedida

Mudarte a una nueva ciudad no es fácil. 


Yo me mudé porque quería convertirme en investigadora. Y al hacerlo he abandonado casi todo lo que me pertenecía antes y he perdido a una persona importante, cuya pérdida me duele en todas las partes del cuerpo. A veces lo echo tanto de menos, que se me hace un nudo en la garganta que nunca sé resolver.

Otras echo de menos a mi compañero de piso, que tenía un radar que se encendía cuando me dolía el alma, me preparaba risotto cuando mi jefe me había gritado, o me regalaba poesía cuando había tenido un día de mierda y me traía helados gigantescos cuando mi beca de investigación no llegaba y toda mi vida se tambaleaba. 
Trabajaba de noche y aún así me pedía que le despertara a las siete, solo para desayunar conmigo. 
Lo hizo cada día que viví con él.
Y ahora que ya no compartimos la mediocridad de la rutina, me doy cuenta de cuánto lo necesitaba.

Al igual que necesito a mi hermana para seguir existiendo.

No es extraño preguntarse en cada acto, si se escoge el camino correcto. 
No es extraño que nos duelan las pérdidas. 
Pero es que la vida no va de nada más que de tomar decisiones que vibran en tu pecho y una vez tomadas… defenderlas.

Y yo me he dado cuenta

que llegar hasta aquí me ha costado un ansia desmedida

que en investigar está parte de mi felicidad

y que ahora mismo no podría estar en otro lugar, por nada ni nadie en el mundo🧡

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