Volver

A Albert lo conocí en uno de esos trabajos horribles y mal pagados que sirven para saber a qué quieres dedicarte de verdad.

Tenía una sonrisa chulesca que te retaba constantemente. Pero su mirada se contradecía, y es que era tan transparente que pude ver una tonelada de tristeza ahí detrás.

Su piel era tersa y morena: parecía una bienvenida al verano.

Y mirarlo era un bálsamo para los lunes de mierda.

Me preguntó como me llamaba, y yo después pensé que su boca había sido creada para decir ese nombre.

Tenía un misterio almacenado en todos sus gestos, en las manos, en los brazos… Supongo que por eso me enganché a todos sus interrogantes.

Han pasado 5 años.

Los dos hemos vividos en países distinos

nos hemos alejado

nos hemos olvidado

pero por algun extraño motivo

él ha cogido el vicio de volver siempre y yo la manía de querer eso.

No sé en qué formato está en mi vida,

creo que nuestra relación es algo

amorfo

no delimitado

sin expectativas frustradas

ni promesas de mierda.

A veces pienso que

yo,

sigo unida a todos sus interrogantes

porqué nunca se han resuelto todos.

Y hoy,

que es un día especial para él,

me doy cuenta del hueco hondo y delimitado que dejaría

si alguna vez

dejara de volver siempre.

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