Loco

Él estaba loco:
su locura no era de este mundo.


Tenía una mirada aterradoramente triste. A mí me daba miedo mirarle y caer resbalada hacía su tristeza.


Por aquel entonces yo tenía la espalda cargada de fracasos emocionales y no me podía permitir otro desastre.


Pero es que juro que hacía desaparecer la gravedad de mis pies con sólo rozarme la puta mano.


Vivía fabricando música y yo no pude evitar volverme adicta a todas sus canciones.


Logramos crear algo único y en cierta manera especial, sin etiquetas absurdas ni promesas de mierda.

Nunca tuvimos forma, sólo teníamos una hipótesis que nos quemaba entre las manos y que nunca nos creímos del todo.


Un día él se marchó sin decir nada, y sólo me dejó un papel con la letra de una canción que nunca entendí.


Por eso supongo que yo empecé a escribir.