Amor de sobremesa


No sé bien bien como describirlo.

A veces descubres que incluso hay cosas que no pueden describirse con poesía.

No sé como explicar que me mantiene fuera de la gravedad constantemente. Y tampoco sé que hacer con las ganas de fumar que se me han esfumado porque ya nunca estoy triste.

Creo que él poco sabe de esto que me erosiona el pecho cuando le veo. No sé si sabe que cuando me marcho, yo sé que le encantaría rebobinar la cinta. Y es que dudo que sepa que ya me he dado cuenta; me mira como si no hubiera otra salida que rendirse.

Y eso lo hace a él humano. Y no lo sabe, pero también lo vuelve tremendamente poderoso. Porqué es capaz de hacer temblar todo mi mundo con la inercia de su paso. Joder, que cuando me mira, concentra todas mis miserias en un rincón que ya no existe.

Dejé de idealizar el amor romántico porque era demasiado empalagoso y falso, y no tenía la autenticidad del amor de sobremesa. El que te realza y te abandona a partes iguales.

No sé como explicarlo.

Pero es que llevaba mucho tiempo siendo el error de alguien y yo equivocándome en todas las decisiones con ellos.

Y de repente, aparece el amor auténtico, el de sobremesa, el que tiene fisuras. Pero es el único que acaba encontrando una estrategia. Para sellarlas.

Y este se denomina, amor de sobremesa.

El único de verdad.

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